Firmado, una persona que no tiene ni idea de cómo vivir.

 

castillos_del_loira_2

 

Siempre he sostenido que de entre los lugares cotidianos, los más intensos son los aeropuertos o las estaciones. Aunque son lugares que a primera vista parecen prácticos y funcionales, las emociones que se concentran en ellos son poco prácticas y poco funcionales. Personas con los nervios a flor de piel por el comienzo de una nueva aventura, personas a las que les invade la tristeza porque están presenciando un adiós que quizás no sea un hasta pronto, personas que abandonan ese que conocen como su lugar feliz…

Sea como sea, de forma más triste o menos, son lugares que considero puros, lugares donde los sentimientos están a flor de piel. Son lugares llenos de simpleza, porque las personas no pueden pensar ni actuar con tanta frialdad como quizás les gustaría, son lugares donde la forma de actuar no puede ser nada más que fluida.

Al punto de la sencillez es al que me gustaría llegar. Hablemos de cosas simples. Siempre me han gustado las cosas simples, que no fáciles. Las cosas que son claras, las cosas que despiertan pasión en las personas hasta tal punto que se vuelve contagiosa para los demás. Me cuesta entender a la gente sin pasión por nada, sin inquietudes.

 

 

Hace tiempo, alguien me enseñó a simplificar las cosas con mucha simpleza (valga la redundancia). Cuando tenía la sensación de que me ahogaba miraba una fotografía, una fotografía de un Castillo del Loira. Y no, nunca he llegado a ir, pero el imaginarme sola, enfrente de ese castillo, contemplando su inmensidad y pensando en las personas que en algún momento podrían haber estado en la misma hipotética situación que yo, me creaba una paz interna que me permitía volver a encontrarme, dejar de agobiarme y no perder mi esencia que me ha acompañado hasta el día de hoy.

Quizás esta técnica que me prestaron ya haya perdido el sentido que tenía para mi, quizás no funcione nunca más, pero ya no necesito un castillo, solo necesito el recordar como alguien cuando no podía más me ayudo a darme cuenta de que las cosas se pueden simplificar, de que la vida es como decidimos verla, de que lo que pensamos nos hiere más de lo que lo hace la realidad, y de que la realidad muchas veces no es lo que ocurre, sino lo que creemos que está ocurriendo.

Esto no quiere decir que no crea que a veces merece la pena complicarse, sino que la vida es prácticamente igual de fugaz para todos. Que ojalá todo el mundo tenga ganas de vivir, de arriesgar, de rodearse de gente que aporte, que desborde emociones y ganas, de gente que digas ‘’joder, ha merecido la pena’’. Que si algo no te hace feliz lo cambies, porque nunca es tarde, y amigos, dejadme deciros que la vida es más simple que todo eso. Que si tienes que escapar corriendo, lo hagas, y no mires atrás, pero si lo haces, que sea por un buen motivo, no por no querer afrontar lo que viene, porque dejadme deciros también, que muy pocas cosas pasan dos veces en la vida.

 

DS

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