Saber ser un niño.

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9 de diciembre, Cabo de Palos (Murcia)

 

Otra semana que se acaba, otro domingo, otra resaca. Otro domingo fuera de juego, otro domingo de interrogantes. El domingo es por excelencia el día de los interrogantes pero qué bien sabe cuando encontramos alguna respuesta a esos interrogantes (o cuando creemos haberla encontrado).

Hace relativamente poco tuve la oportunidad de escuchar una ponencia sobre la inteligencia emocional en la que me hicieron una reflexión plausible. Esta reflexión decía que las personas más felices son los niños y el por qué se debe a que viven en el presente, no piensan en el pasado ni en el futuro. Y es que hay que levantar el ancla, dejarse de los equívocos de ayer y de los miedos de mañana.

 

 

Tenemos que saber cerrar etapas de nuestra vida. El querer permanecer en el pasado más tiempo del que es estrictamente necesario para asimilar lo sucedido y vivir sus consecuencias, es un error que solo conlleva a no saber clausurar momentos de la vida que ya han sido. Podemos hablar de infinidad de cosas, de una relación, un trabajo, una casa, una ciudad, una amistad… deja de darle vueltas, ya no eres esa persona, ahora tienes unas nuevas circunstancias que en la mayoría de casos te habrán llevado a evolucionar.

Sé esa nueva persona, mejorada, esa que ha cerrado el círculo, el capítulo, el libro o como lo quieras llamar. Y ponte la sonrisa que te queda muy bien.

DS.

Diciembre, qué bueno que viniste!

 

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2 de diciembre de 2017. Soria

 

Diciembre siempre ha sido uno de mis meses favoritos del año (el otro, por descontado, es junio). Supongo que es un mes de inflexión, un mes en el que ’’vale todo’’, en el que la gente decide ser ‘’más valiente’’ y hacer esas cosas que no ha hecho durante el resto del año y se había propuesto hacer. Para los cinéfilos diré que es el mes de ‘’La Purga’’.

Me gusta por muchos motivos, me gusta por el espíritu navideño que empieza a recorrer las calles, por saber que hace frío fuera pero que delante de una chimenea todo es mejor, porque se me ponen las mejillas sonrosadas con facilidad, porque mi señora madre empieza con los caldos que huelen que alimentan, porque todo el mundo trata de limpiar su conciencia para que el año que viene sea mejor, pero sobre todo me gusta porque soy capaz de echar la vista atrás de manera crítica.

Echar la vista atrás no quiere decir que lo haga a modo de reprimenda personal, todo lo contrario, me doy cuenta de lo que tengo, de lo que estoy viviendo y de lo que ya he vivido. Me doy cuenta de la intensidad de las cosas, porque la vida no es lo que vivimos, sino lo que creemos vivir.

 

 

Este año he aprendido um novo idioma (muito lindo), me he graduado, he empezado un master y he empezado a trabajar. He vivido en dos países y en tres ciudades diferentes. He conocido a gente de todas partes del mundo, he profundizado en algunas amistades y he dejado partir aquellas que ya no procedían. He conocido gente maravillosa (y es algo que sorprendentemente nunca para) y de paso he aprendido a distinguir quién no lo es. Seguimos los cuatro juntos, y Whopper.

He cogido 20 aviones y 300 autobuses (denada ALSA). He conocido las Islas Azores (los habitantes de Mosteiros nunca se van a olvidar de mi lucha de pitidos para que el perro me dejara continuar por la carretera), he recorrido Portugal de norte a sur, he visitado Alemania, París y he disfrutado de Formentera e Ibiza. He conocido Granada y he ”vuelto para volver” a mis queridos extremos peninsulares (Cádiz y las Rías Baixas).

He cerrado heridas del pasado y he conseguido que casi no duelan, prueba a echarles alcohol, apenas escuecen ya. Me he reencontrado con viejas glorias. Me he cruzado con gente fascinante, de hecho alguno sigue fascinándome aún cuando no quiere y haciendo que crezcan mis ganas por seguir dejándome fascinar.

He recuperado mis buenos y viejos gustos musicales. He cogido el gusto de leer en otros idiomas. He abandonado un poco mi espiritualidad. He decidido que mi dulce favorito es el chocolate con naranja pero que mi fruta favorita es el coco. Me he hecho campeona en salto de valla portuguesa. He visto series en tres días y a la vez he dejado series a medias.

Creo que este año ha sido un año de los que marcan, de los que dejan huella, y aunque muchas veces las situaciones negativas parezca que han superado a las positivas, siendo sincera conmigo misma, la balanza se inclina hacia el lado de las cosas menos malas. Si aún no habéis hecho esta pequeña reflexión personal, os invito a que echéis la vista atrás y lo hagáis.

Y de paso, si tenéis un poco de tiempo libre, recordad, DS.

Puro sentimiento.

 

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”Déjame que hoy te lleve a la costa de repente, hace un día radiante de principio de Noviembre, déjame que hoy te lleve, en la playa ya no hay nadie..”

 

Cuántas veces has estado rodeado de gente, te has sentido solo y fuera de lugar? Cuántas veces has tenido la sensación de que podías volverte invisible cuándo llueve y nadie lo notaría? Cuántas veces te has preguntado por qué? Cuántas veces te has preguntado cuántas?

Nuestro sitio no nos lo dan en el momento en el que llegamos al mundo, nuestro sitio es algo que cada uno tiene que ir construyendo para si mismo, con cuidado y con la idea en la cabeza de que con quien más tiempo pasarás en la vida es contigo mismo. A veces nuestro sitio cambia, y ese periodo entre que te vas y llegas es más amargo que la momordica charantia, (también conocida para los amigos como el melón amargo o el cundeamor chino).

Pero, párate, piensa un momento; que ocurre con los sabores amargos? Párate, piensa otro momento, sí, te hablo a ti. Piensa ahora en el primer trago que le diste a la que fue tu primera cerveza, en la calada que le diste a el que fue tu primer un cigarro o en el sorbo que le diste a el que fue el primer gin tonic que te tomaste (aunque a mi dónde siga habiendo un buen whisky…). A nadie le gusta la primera vez, y quien diga lo contrario, permitidme deciros, que miente señores. Sin embargo, te acostumbras, y la segunda vez ya no te sabe tan amargo, la tercera parece que te empieza a decir algo, pero es en la cuarta cuando te das cuenta de que te gusta y quieres más.

Esa sensación se puede ajustar en cierto modo a lo que nos ocurre ante los cambios por los que pasamos mientras vamos llegando a nuestro sitio. Dan miedo y a veces son duros, te amargan en ciertas ocasiones pero un día de repente sabes ver lo bueno que tienen, y te gustan y ves que sonreír es fácil, reaccionas, espabilas y entiendes que través de esos nuevos comienzos has ido creando lo que hoy supone tu vida. Llegados a ese punto ya tenemos nuestro sitio, ahora hay que saber vivir en él y elegir con que personas compartirás los momentos que pasarás. ”I’m gonna find my way…”

 

 

Yo siempre he sido de perseguir lo que quiero, nunca he sabido sentarme a esperarlo. Siempre he sido impaciente, intesita, pero a la vez muy consecuente. Me gustan las cosas para antes de ayer pero poder disfrutarlas a largo plazo. Y la combinación de estos factores controlados me está permitiendo encontrar ese sitio y saber disfrutarlo. Y tú, si lo has encontrado pero tienes miedo, corre, corre con ganas al sitio en el que consigas ser feliz, porque nunca es tarde para darse cuenta de lo que uno realmente desea en la vida. Al final la vida es puro sentimiento.

Y recuerda, DS.

 

Y esto es el ”positive state of mind”.

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A veces te das  cuenta de que la vida es bonita, y no, no es un anuncio de Desigual. Que solo tenemos que encontrar aquello que nos mueve, aquello que nos hace sentirnos vivos y que nos despierta el sentimiento de querer descubrir, de querer crecer, de querer evolucionar como personas.

A veces, las menos; algo ocurre, alguien se cruza en tu camino, algo ocasiona que te despiertes del letargo, que busques una mejora y que capacidades que desconocías que existían en ti empiecen a desarrollarse solas, y quieran salir, y quieran gritarle al mundo que estaban dentro de ti y que ahora no se pueden callar.

A veces los lunes son menos lunes. Parece una semana de tantas, una semana sin ningún tipo de alteración en tu rutina, hasta que te das cuenta que oyes pero no escuchas porque aunque quieras hacerlo tu mente y tu alma están a un millón de kilómetros de aquí. Y todo comienza a dar vueltas, no entiendes nada de lo que sucede a tu alrededor, pero déjame darte un consejo, si lo que te ocurre te gusta y a la vez te da miedo, entonces es que vamos por el buen camino.

Deja atrás lo que te atormenta. Soy de la opinión de que todo lo que nos sucede en la vida es por un motivo, tiene una finalidad, y si algo no ha sido, es porque no tiene que ser, y porque la vida te está reservando algo mejor. Aún con la existencia de esta reserva, necesitas un ingrediente más, necesitas ganas, y cuando se lo añadas verás que es una receta casi tan mágica como la de la Coca-Cola.

Decides darte otra oportunidad a ti mismo, decides que vales y que te quedan tantas cosas por descubrir que no es el momento de parar. Sal ahí fuera, y abre los ojos, deja que los rayos del sol del invierno penetren tu piel hasta lo más profundo, hasta que te hagan sentir lleno de energía. Comparte esa energía, despréndela, irrádiala, comete el mundo, con los ojos y también con tus pasos, y si no es mucho pedir, disfruta de esa aventura en compañía, porque lo que se se vive con alguien sabe dos veces bueno.

Y recuerda, DS