Firmado, una persona que no tiene ni idea de cómo vivir.

 

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Siempre he sostenido que de entre los lugares cotidianos, los más intensos son los aeropuertos o las estaciones. Aunque son lugares que a primera vista parecen prácticos y funcionales, las emociones que se concentran en ellos son poco prácticas y poco funcionales. Personas con los nervios a flor de piel por el comienzo de una nueva aventura, personas a las que les invade la tristeza porque están presenciando un adiós que quizás no sea un hasta pronto, personas que abandonan ese que conocen como su lugar feliz…

Sea como sea, de forma más triste o menos, son lugares que considero puros, lugares donde los sentimientos están a flor de piel. Son lugares llenos de simpleza, porque las personas no pueden pensar ni actuar con tanta frialdad como quizás les gustaría, son lugares donde la forma de actuar no puede ser nada más que fluida.

Al punto de la sencillez es al que me gustaría llegar. Hablemos de cosas simples. Siempre me han gustado las cosas simples, que no fáciles. Las cosas que son claras, las cosas que despiertan pasión en las personas hasta tal punto que se vuelve contagiosa para los demás. Me cuesta entender a la gente sin pasión por nada, sin inquietudes.

 

 

Hace tiempo, alguien me enseñó a simplificar las cosas con mucha simpleza (valga la redundancia). Cuando tenía la sensación de que me ahogaba miraba una fotografía, una fotografía de un Castillo del Loira. Y no, nunca he llegado a ir, pero el imaginarme sola, enfrente de ese castillo, contemplando su inmensidad y pensando en las personas que en algún momento podrían haber estado en la misma hipotética situación que yo, me creaba una paz interna que me permitía volver a encontrarme, dejar de agobiarme y no perder mi esencia que me ha acompañado hasta el día de hoy.

Quizás esta técnica que me prestaron ya haya perdido el sentido que tenía para mi, quizás no funcione nunca más, pero ya no necesito un castillo, solo necesito el recordar como alguien cuando no podía más me ayudo a darme cuenta de que las cosas se pueden simplificar, de que la vida es como decidimos verla, de que lo que pensamos nos hiere más de lo que lo hace la realidad, y de que la realidad muchas veces no es lo que ocurre, sino lo que creemos que está ocurriendo.

Esto no quiere decir que no crea que a veces merece la pena complicarse, sino que la vida es prácticamente igual de fugaz para todos. Que ojalá todo el mundo tenga ganas de vivir, de arriesgar, de rodearse de gente que aporte, que desborde emociones y ganas, de gente que digas ‘’joder, ha merecido la pena’’. Que si algo no te hace feliz lo cambies, porque nunca es tarde, y amigos, dejadme deciros que la vida es más simple que todo eso. Que si tienes que escapar corriendo, lo hagas, y no mires atrás, pero si lo haces, que sea por un buen motivo, no por no querer afrontar lo que viene, porque dejadme deciros también, que muy pocas cosas pasan dos veces en la vida.

 

DS

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¿Quién dijo miedo?

 

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”Para quien tiene miedo, todo son ruidos”. Sófocles

¿Qué hay más paradójico que te de miedo hablar del miedo? ¡Vamos a ser valientes! (venga un poquito, hagamos un exceso), y vamos a abordarlo. El miedo, ese estado de ánimo que no te deja ver lo que tienes a 2 metros de distancia.

Todos en la vida tenemos decepciones y desilusiones por diferentes motivos, ya sea una ruptura, un amigo que te traiciona, algo a lo que le pones todo tu empeño pero no sale como esperabas…

Se llame X o se llame Y es algo que te hace no querer volver a intentarlo, no volver a confiar, quedarte sentado esperando a ver si llueve, ‘’no vaya a ser que te vuelva a salir mal’’, ‘’no vaya a ser que te vuelva a doler’’, ‘’no vaya a ser que esta vez sea tan fuerte que no te recuperes’’.

Pues yo te digo que… NO!!!! PARA, insensato..! Déjalo que sea, intenta que esta vez te salga bien, tomate un ibuprofeno si te vuelve a doler, sal mas fuerte en caso de que tengas que recuperarte. Sea como sea, no te quedes mirando.

 

Rebobina, vuelve atrás por un momento y piensa en como te sentías antes de que las cosas te salieran mal. Piensa en la ilusión, en las ganas, en despertarte feliz e irte a dormir igual de feliz, en que todo te afecte menos porque tienes algo que te llena plenamente… Y entonces, cuando hayas pensado en todo esto, dale al play.

Yo, personalmente (experta en tirarme a piscinas vacías desde 1995) cuando recuerdo esas sensaciones, no me importa haber fallado una o mil veces, haberme equivocado, haber hecho cosas que no procedían, haber sufrido, haber sentido frustración, o no entender el por qué de las cosas. Y es que al final no han sido equivocaciones, no han sido errores, han sido acontecimientos que hoy me hacen ser quien soy, que hoy me han traído hasta aquí, y que si tuviera que repetirlos para ello, los repetiría con los ojos cerrados. No son fracasos, son enseñanzas, son recuerdos, que pueden doler más o menos, pero que no hay que olvidar, sino saber extraer lo que necesitas de ellos y quedarte con lo que importa, porque siempre, siempre hay un lado positivo en todo.

El miedo a lo nuevo, a lo desconocido, no puede frenarte. Las cosas pueden inquietarte, no dejarte dormir (y es que como digo muchas veces, si algo te pone nervioso y a la vez te gusta, vamos por el buen camino), pero no les puedes tener miedo.

Vivir con miedo no es vivir, es sobrevivir sometido a una condición que no te permite encontrar lo que quieres. No mires atrás, no estas yendo en ese camino, estás construyendo un camino nuevo, y en ese camino nuevo no todas las piedras son iguales.

Dejemos de tener autocompasión por nosotros mismos, dejemos de excusarnos, maduremos, y aprendamos que en la vida no todo lo que nos va a suceder es bueno, pero que sí podemos aprender de todo y saber elegir que es aquello que buscamos para llegar a eso que habitualmente (y muchas veces sin saber), llamamos felicidad.

Hoy os invito a todos a que os contagiéis de aquellos valientes que os rodean, a que observéis como sonríen, como dirigen su propia vida, como tienen las ideas claras, y como saben que no hay nada más importante que levantarse de la caída con ganas, para volver a intentarlo, un día más.

 

DS

Se tú, soy yo.

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En algún lugar, yo, en proceso de encontrarme.

 

Hoy, a golpe de lunes, quiero hablar de mi, así, tan egocéntrico como suena. Y es que he perdido la cuenta de cuántas veces me han dicho lo ‘’rara‘’ que soy.

Me gustaría hacer un llamamiento para que alguien me explicara qué es ser raro, qué es ser normal, y quién sienta los estándares para poder calificar a alguien de una cosa o de la otra.

Que no nos equivoquemos, que ni raro ni normal, la vida pasa lo suficientemente rápido como para estar complaciendo constantemente a los demás.

Siguiendo con la temática de llevar esto a mi plano personal, confieso que no busco ser rara, y que tampoco busco ser normal, y es que solo busco ser yo, yo en estado puro. Ser lo que me gusta hacer, ser lo que me gusta escuchar, ser lo que me gusta leer, ser lo que (y a quien) me gusta ver, ser lo que me gusta descubrir, ser lo que me gusta viajar, ser lo que me gusta aprender.

 

 

Ser la luz del sol que te despierta un domingo por la mañana porque la noche anterior estabas ocupada como para bajar la persiana, ser la risa de un niño, ser el olor a librería antigua, ser el amor de verano que te ocurre en invierno, ser el huracán que no arrasa por donde pasa sino el que te desordena para ayudarte a descubrirte, ser el salto al vacío sin miedo a abrirte la cabeza, ser la rumba alegre en un día triste, ser el punto conexión ante un cortocircuito, ser el 1 de junio, ser el primer helado del año… Pero también quiero ser el paraguas roto en un día de lluvia, el martes 13, la risa que acaba en llanto y la tirita que no consigues que te cubra el corte. Y es que muchas veces tenemos que entender que no es lo que tiene que venir sino con lo que tienes que vivir. Ganas y miedo, ambas dos, para mí y quién las quiera (conmigo). Y a partir de ahí, empezar a construir a mi yo.

Tu felicidad solo depende de ti y para conseguirla ‘’aprende-te, disfruta-te‘’. Conoce tus emociones, juega con ellas, y contrólalas. Pero lo más importante, no te olvides de ser tu mismo porque es con quien más tiempo pasarás en esto que llamamos vida. Busca, busca un poco de sur, pero jamás pierdas tu (mi) norte.

DS.

De las cosas que no entiendo (versión resumida).

 

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De las cosas claras y el chocolate espeso, llega…

Charles Bukowski (si se me permite hacer un pequeño juicio de valor, uno de los mejores escritores del llamado ‘’realismo sucio’’  que ademas estaba altamente bien influenciado por escritores de la Generación Beat) sentenció ‘’me gustan las personas desesperadas, con mentes rotas y destinos rotos. Están llenos de sorpresas y explosiones’’.

Pues bien, no podría estar más de acuerdo con tal manifestación. La gente rota es especial, es especialmente fuerte porque tarde o temprano va a recomponerse, y cuando lo haga va a volver con sus mil pedazos pegados; pero cada uno de esos pedazos habrá recobrado tanta fuerza que el conjunto creará una energía brutal. Sin embargo hay gente que no lo entiende, que la gente rota le da lástima, que cree que va a entrometerse entrando con su ‘’tristeza‘’ en ese estado ‘’zen‘’ que ellos han conseguido desarrollar  con el paso del tiempo, y no entiendo que haya gente que piense así, quizás es que soy una marginada por sostener esta afirmación… no lo sé, pero me parecen personas maravillosas y que siempre me piden que les descubra. Alguien que me conoce bien me dijo ‘’tienes una manía horrible de querer hacer un mundo mejor para los demás y eso algún día acabará contigo‘, pues bueno, no soy precisamente la Madre Teresa de Calcuta y a veces soy muy egoísta, pero esta gente que venía describiendo capta mi atención hasta que consigue que me olvide de mi misma y se que eso no es bueno, pero no puedo no dejarlo ser.  Y a la gente que no le entiende no le puedo entender yo, así que esta paradoja puede encabezar la lista de cosas que no entiendo.

 

 

Tampoco entiendo esa extraña manía que se ha venido adoptando con el paso del tiempo de crear una serie de estereotipos idiotas que encima pretenden que nos creamos. Que si un beso es más bonito bajo la lluvia, que si en la primera ‘’cita’’ (si es que alguien sigue utilizando este término) no debes ir más allá de un par de besos tontos, que si no puedes vivir las cosas con demasiada intensidad porque se acaban antes, que cuanto más duele es porque el amor es más verdadero, que lo que no te mata te hace más fuerte… Con todos mis respetos procedo a dirigirme a los genios a los que se les ocurrieron estas tonterías, seré rápida: ¿en qué estaban ustedes pensando?

En serio, vamos a pensar todos con cabeza (hagamos como que tenemos por una vez, va), y es que si nos damos un beso debajo de la lluvia nos mojamos y nos resfriamos, si la primera vez que conocemos a alguien queremos invitarle a subir a nuestra casa lo hacemos (y no, no quiere decir que estemos buscando mantener única y exclusivamente relaciones sexuales ni que sea una desfachatez), si vivimos las cosas sin intensidad se volverán aburridas, si duele no es amor (particularmente para mi es un calvario y no lo quiero ni lejos), y si hace tanto daño que casi te mata no te hará más fuerte, te volverá más rabiosa, más desconfiada y probablemente no quieras volver a experimentar en tu vida nada que sea ni medio parecido a eso. No entiendo los estereotipos mentales, al final un estereotipo es una generalización y siempre he dicho que aunque sea muy cómodo no se puede generalizar, las generalizaciones son injustas. Hola supuesto siglo XXI. 

A mi lo que me gusta es la S E R E N D I P I A, esas cosas que pasan por casualidad, esas cosas que no se planean, que siguen su curso (desde aquí me pido perdón por las veces que no supe dejar que así fuera, por tonta) y que cuando empiezan a pasar no puedes parar de pensar en ellas porque es lo más parecido a la octava maravilla del mundo.

Muchas veces no entiendo a las personas (aunque supongo que no soy la única, incomprendida quejica a la que le pasa esto). Y aunque precisamente respecto a esto podría escribir algo más largo de lo que lo podrían ser las memorias de Stephen Hawkin intentaré ser relativamente breve. Por encima de todo no entiendo a las personas que mienten, si quieren blanco, ¿por qué dicen negro? Si son así, ¿por qué dicen que son asá? Si no quieren hacer algo, ¿por qué se prestan voluntarios? Si están mal ¿por qué tienen que decir que están bien? Seguro que alguien (¡hola queridos Marisabidillos!) viene a decirme ahora que lo hacen por los demás y que tienen un motivo detrás y bla, bla, bla. Pues lo siento, pero para mi esto no está justificado, en el momento en el que mientes el resto de motivos que tuvieres caen detrás.

Tampoco entiendo a las personas que no luchan por lo que quieren, que se quedan ahí sentadas, viendo llover, porque claro, ¡es muy probable que la solución o lo que quieres te caiga del cielo!. De verdad, que es que me supera. Por favor un poquito de sangre en las venas y menos horchata, vamos a ser un poquito soñadores aunque conservemos los pies en la arena (nunca en la tierra) y vamos a superarnos a nosotros mismos para poder ir a por aquello que queremos. Si no tienes esto último claro, mejor quédate viendo llover en tu ventana, pero lejos de mi, por favor.

Por último, dentro del top de las cosas que no entiendo (en esta versión resumida, y no es que me considere tonta), estoy yo misma. Me frustro, me suelo crear grandes frustraciones, no obstante, intento (que ya es algo) que cada vez me importe menos aquello que no puedo controlar. A veces puedo ser culpable de sufrir bipolaridad. Tan pronto me voy a comer el mundo y voy a pensar en el presente, tan pronto no puedo parar de pensar en recuerdos que tendrían que estar en el cajón de las cosas que me intentaron ayudar a entender como funciona el mundo, pero que se quedaron ahí; en el intento, y que no tienen que salir más. Me prometo no hacer algo y a los cinco minutos ya lo tengo hecho a mitad. Quiero quedarme una temporada tranquila donde estoy y al día siguiente estoy sacando un billete de avión, de tren o de bicicleta si hace falta, todo sea por moverme. Cuanto más quiero centrarme en algo más me descentro, cuanto más cerca estoy de la estabilidad sana más me empeño en dar marcha atrás. Soy pura contradicción, pero no está tan mal, aunque no lo entienda al final solo hay que saber llevarlo y saber que no puedes contar con tu cabeza traicionera. Simplemente son formas de vida y maneras.

DS

 

Mis héroes del sábado.

 

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‘’Van por ahí los héroes del sábado. ¿Dónde están, los que pueden parar el mundo solo con mirar?’’

 

En un día tan lleno de magia como hoy, tengo antojo de hablar de ellos, de mis amigos, de mis amigas, y es que el mejor regalo, siempre, sin excepción; son ellos. Son ellos, los que se sientan conmigo alrededor de cualquier mesa y hacen que siempre parezca la misma mesa. Son ellos, los que con pocas (o muchas) cervezas son capaces de arreglar el mundo, en concreto mi mundo; con sabios, (y otros no tan sabios pero igualmente válidos para un despropósito de persona como yo) consejos.

Son ellos, son ellas, quienes cada vez que nos vemos, después de poco o mucho tiempo, me ayudan a encontrarme cuando más perdida me siento, a sacar mi yo, por muy escondido que haya podido estar. A darme cuenta de lo afortunada que soy, de que quizás me falten muchas cosas pero no las necesito, porque tengo personas, personas que me quieren, personas que por mi han hecho una y otra vez cientos de miles de kilómetros para verme, para darme un abrazo y recordarme que hay cosas que duran, más que las pilas Duracell.

Viene a mi cabeza el tópico de que los amigos son la familia que escogemos, pues ¡joder! bendito sea ese tópico, y es que por una vez me sorprendo de mi misma porque he hecho la mejor elección del mundo con vosotros.

 

 

Que ellos son paz en tus días de guerra, cariño en tus días fríos,  cielo en tus días de infierno, risas incontrolables (sí amigas, de esas que se gira el bar a mirarnos) en tus días de llantos, cervezas en tus días de Aquarius (de limón por favor). Que ellos son quienes te llevan a casa cuando no puedes más, quienes te quitan los tacones y se quedan a dormir y al día siguiente hacen nuestro ya conocido paseo de la vergüenza. Quienes te escuchan repetir las mismas historias una y otra vez, sin que nada haya cambiado de un relato a otro, simplemente porque necesitas darle vueltas en alto. Quienes te pueden decir ‘’te lo dije’’ y tu les respondes con una mirada de complicidad mientras te ríes de ti misma porque sabes que tienen razón.  Quienes pese a tu intensa manía de reincidir en los mismos errores te curan diciendo ‘’de todo se sale, en peores plazas hemos toreado’’. Quienes tienen tus logros por suyos. A resumidas cuentas y como una de ellas me decía el otro día, ‘’quienes serían capaces de enterrar un cadáver contigo si hiciera falta’’.

Una de las reflexiones más importantes a la que he llegado a lo largo de los años es que mi hogar no es un lugar concreto, mi hogar son las personas, mi hogar son ellos y ellas. Gracias amigos, gracias por estar conmigo en la distancia de manera incondicional, gracias por nuestros momentos, porque son nuestros y de nadie más.

 

DS.

 

 

Brindo por los despropósitos.

‘’Cuando sonríes se me pasa.

– ¿El qué?

Las penas, la vida… todo.’’ Matthew Rivera.

 

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Y es que la vida pasa, las horas se consumen, los minutos corren, los segundos vuelan. Un año que se va, otro que está por llegar. Seamos como todo el mundo! Vamos a hacer una lista de propósitos! Una lista de esas de propósitos de año nuevo que incluso la vecina del quinto que nunca da los buenos días sabe que no vamos a cumplir.

 

No cuentes conmigo, y es que cuando quieras darte cuenta, esa lista de expectativas que disfrazamos como propósitos carecerá de sentido, y es que la vida es eso; la vida es lo que pasa y no puedes controlar, aquello que llega de repente y rompe tus esquemas, altera tus planes e incluso te crea situaciones de bloqueo mental hasta que entiendes lo que está sucediendo. Es la vida y las circunstancias las que te cambian.

Quizás sea porque como me dice mi familia ‘’siempre he vivido nómadamente’’, pero para mi lo mejor de la vida son los cambios, de lo que sea, pero cambios. Supongo que por tanto mi peor enemigo es la monotonía (a parte de la impaciencia pero eso hoy no viene al caso) y ese el motivo que me impulsa a ser un cambio constante, una especie de huracán.

 

Respecto a ti, que me lees, es-pa-bi-la, se valiente, levántate un 28 de diciembre, 12 de abril o 3 de noviembre y empieza a darte cuenta de lo que te rodea, se consciente de que están llegando cambios, continuamente; que es solo una cuestión de tiempo, y que mientras se dibuja en tu cabeza el símbolo de la interrogación es cuando tienes que estar preparado para asimilar esos cambios, y no significa que tenga que comenzar un nuevo año para que estés abierto a ellos, ni tampoco significa que tengas que estar la semana de antes estrujándote la cabeza pensando en que quieres cambiar, sino que significa que bienvenido sea lo nuevo que nos abre la mente, que nos permite mejorar, que nos hace ser más inquietos.

No creo en el karma ese y es que “no todo el mundo tiene lo que se merece ni todo el mundo se merece lo que tiene”, tampoco creo en las casualidades y es que mi vida me demuestra que todo pasa por algo, que siempre aprenderé algo de cada nuevo acontecimiento que se me pone por delante y que todo tiene una razón de ser. Hay veces que me planteo en qué me queda creer, y es entonces cuando me doy cuenta que no tengo la necesidad de saberlo, porque lo que sí que sé es que creo en los milagros, y que lo único que quiero es que el próximo año me deje seguir disfrutando de los milagros que ya me ha regalado y que si vienen más siempre serán recibidos con una sonrisa.

 

Déjense de tanta lista de propósitos de año nuevo, y dedíquense a tener los ojos más abiertos a la vez que el corazón, con eso suele ser suficiente.

En cuanto a mi, mañana vuelvo a casa y se que voy a estar una semana explotando de felicidad con cosas insignificantes para el resto de personas, que voy a estar absolutamente en paz, por tanto tengan un feliz comienzo del año 2018 y brinden mucho por los despropósitos!

DS

 

Saber ser un niño.

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9 de diciembre, Cabo de Palos (Murcia)

 

Otra semana que se acaba, otro domingo, otra resaca. Otro domingo fuera de juego, otro domingo de interrogantes. El domingo es por excelencia el día de los interrogantes pero qué bien sabe cuando encontramos alguna respuesta a esos interrogantes (o cuando creemos haberla encontrado).

Hace relativamente poco tuve la oportunidad de escuchar una ponencia sobre la inteligencia emocional en la que me hicieron una reflexión plausible. Esta reflexión decía que las personas más felices son los niños y el por qué se debe a que viven en el presente, no piensan en el pasado ni en el futuro. Y es que hay que levantar el ancla, dejarse de los equívocos de ayer y de los miedos de mañana.

 

 

Tenemos que saber cerrar etapas de nuestra vida. El querer permanecer en el pasado más tiempo del que es estrictamente necesario para asimilar lo sucedido y vivir sus consecuencias, es un error que solo conlleva a no saber clausurar momentos de la vida que ya han sido. Podemos hablar de infinidad de cosas, de una relación, un trabajo, una casa, una ciudad, una amistad… deja de darle vueltas, ya no eres esa persona, ahora tienes unas nuevas circunstancias que en la mayoría de casos te habrán llevado a evolucionar.

Sé esa nueva persona, mejorada, esa que ha cerrado el círculo, el capítulo, el libro o como lo quieras llamar. Y ponte la sonrisa que te queda muy bien.

DS.